viernes, 29 de septiembre de 2017

Visita de Jean Claude Aebischer (septiembre 2017)

Es difícil para mi escribir una crónica sobre un evento que, afortunadamente, viene repitiéndose durante las dos últimas décadas. La dificultad viene marcada por el hecho de haber tenido la oportunidad de escuchar sus reflexiones sobre la práctica en múltiples ocasiones. Puesto que espero haber integrado alguna de ellas,  corro el riesgo de dejar en el tintero algún punto importante que le pudiera resultar útil a alguien que asistió al curso y que acuda a esta crónica con la esperanza de repasar lo que allí se trató.

No voy a detenerme mucho en el contenido técnico del fin de semana. El sábado por la mañana trabajamos básicamente en katate dori y se cerró práctica con tachidori. El sábado por la tarde se desarrolló la sesión desde yokomenuchi y se cerró la misma con jodori. El domingo se dedicó el día a ushiroryotedori y se finalizó de nuevo con tachidori. Desde mi punto de vista, se trató de un excelente enfoque que sirvió de excusa para abordar puntos interesantes sobre las bases del aikido.
A continuación os intento comentar los elementos básicos sobre los que se puso énfasis en el curso. Os invito a completar cualquier otra cosa que se me haya pasado utilizando los comentarios.
Sin duda, la primera cuestión es la importancia de la actitud atacante de uke como elemento que facilita el progreso. A este respecto se remarcó que el ataque debía ser sincero, sin que eso implicara la voluntad de hacer daño o de ser agresivo, y que el papel de uke distaba mucho de la sumisión a tori.
En lo referente al papel de tori, se nos invitó reiteradamente a trabajar desde el centro, de manera relajada (no flácida) y manteniendo el equilibrio en los tres ejes (vertical, horizontal izquierda-derecha y horizontal anteroposterior). En varias ocasiones se hizo mención de que la búsqueda de armonía era un elemento clave como respuesta al ataque sincero de uke.
Es un resumen muy breve de todo el curso, pero mi visión personal es que se nos intentó transmitir principios básicos que no entran en contradicción con estilos ni formas personales de hacer las cosas y que nos pueden permitir entender mejor lo que hacemos. Por otra parte, nunca deja de sorprenderme Jean Claude en muchos sentidos, pero sobre todo en la energía, la benevolencia y la alegría que desprende y la capacidad de transmisión de sus conocimientos pese a las barreras idomáticas. Para sortear este último punto, contamos de nuevo con la ayuda de Consuelo que realizó unas labores de anfitriona y de traducción impecables.
Como reflexión final, y corriendo el riesgo de ser repetitivo, os quiero recordar que, pese a desconocer muy bien el porqué, tenemos la inmensa fortuna de que alguien como Jean Claude nos aprecie y tenga la voluntad de compartir sus conocimientos con nosotros. Estoy convencido de que tenemos entre manos un tesoro que merece la pena cuidar y disfrutar. Finalmente quiero agradecer de corazón la asistencia de todos los compañeros de otros dojos, con ellos es más fácil organizar este tipo de eventos. Espero que les haya resultado de tanto interés como a nosotros.

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